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uno

lo primero que me viene a la cabeza es el viaje a viena. el 4 de agosto de 2012. íbamos con mi cuñada isa, se iba a quedar allí para vivir con luci durante una temporada, había sido un viaje imposible pero allí estábamos en la estación de tren de bratislaba cuando empecé a notar dolor de regla. había empezado a tomar ácido fólico en junio justo después de venirme a vivir a granada con él. sólo dos meses probando así que lo consideré normal. recuerdo esa fecha porque fue la fur (fecha de la última regla) ahí empezó a contar mi primer embarazo. a finales de ese mes fuimos unos días a madrid a ver a mi familia, ya tenía que tener la regla así que empecé a mosquearme un poco ya que soy bastante puntual. en el camino de vuelta a granada me imaginaba la posibilidad de que pudiera ser un embarazo, casi que lo notaba y eso que nunca había tenido o sabido cómo eran los síntomas de embarazo. a él solo le dije que me tenía que haber bajado la regla ya y que era raro. él, prudente como siempre, me dijo que esperaba a ver un par de días. el día siguiente de llegar a casa fui a comprarme un test de embarazo, por el camino vi una embarazada con una tripa muy avanzada, pensé que era una señal. a partir de ese momento, me empecé a fijar en esos detalles como señales, en lo que me cruzo por el calle, si la gente que va por la calle sonríe, cuántas de esas personas parecen buenas personas o no, si serán humildes o no, si el farmacéutico/a es agradable o no, todo como una premonición de lo que puede pasar. cuando llegué a casa me hice el test, era positivo, fue inmediato. no sabía si decírselo a él o esperarme, decidí esperarme y dejé el test encima de su escritorio para que lo viera nada más llegar. es increíble todo lo que te pasa por la cabeza en esos momentos, pero sobre todo es una gran alegría. la primera persona que lo supo fue mi amiga elia, ella llevaba buscando un bebé hacía un año, a partir de ese momento las dos (los cuatro) íbamos de la mano en este camino. cuándo él llegó, tardó tiempo en ir a su escritorio pero no dije nada. íbamos a comer cuando llegó con el test en la mano, me preguntó y yo le sonreí, nos abrazamos, creo que estuvimos dándonos besos y abrazos durante media hora sin hablar. qué poco sabíamos entonces por todo lo que íbamos a pasar. siempre se parte de la normalidad, nunca piensas que algo malo puede pasar, nunca piensas que te puede pasar a ti. la ilusión es desbordante en esos momentos. habíamos tardado poco, era perfecto. yo acababa de dejar mi trabajo en madrid para mudarme a granada y empezar una nueva vida con él. no tenía perspectiva de encontrar un trabajo rápidamente ya que la crisis estaba en pleno auge (sigue estándolo) y sabía que iba a ser difícil, así que pensaba que qué mejor momento para quedarme embarazada y tener un bebé. hacía sólo unos días que estaba con los trámites de médicos y me había hecho un seguro privado, sobre todo para las visitas al especialista. fuimos al ginecólogo a la semana del positivo, estaba de 5 semanas, me hicieron ecografía, solo se veía lo que denominan “el saquito”, suficiente para nosotros que sólo queríamos que nos confirmaran el embarazo. con esa normalidad empezamos a decirlo, en ese momento no pensamos que fuera imprudente así que se lo dijimos a la familia y a algunos amigos. yo hacía mi vida normal, hacía todavía calor en granada, empecé un curso para aprender a coser y también empecé a informarme sobre otro curso para prepararme como monitora de yoga. mis cuñados estaban embarazados también, nos habían dado la noticia en verano, en el momento de saberlo empezamos a compartir información, estados, visitas al médico, etc. era mediados de septiembre y él había sido seleccionado para corregir exámenes de selectividad, le había tocado un instituto de un pueblo de la alpujarra, ujígar. tendría que estar unos días allí durante los exámenes, así que me fui con él. tuvimos suerte porque no había hoteles en el mismo pueblo y reservaron una habitación en una casa rural en otro pueblo muy cerca, podría descansar unos días y desconectar un poco. unos días antes nos habíamos comprado el libro qué esperar cuando estás esperando, así que entre pasear y leer podía estar ocupada por la mañana hasta que llegara él. fue una bonita experiencia la verdad, estábamos alojados sólo nosotros dos y un compañero que vino también para corregir y era un lugar tranquilo, idílico… el dueño era un chico joven  y aunque era cocinero era él el que se encargaba de todo, tenía a su padre que le echaba una mano. siempre que salía me encontraba a alguno de los dos y me paraba con ellos a hablar. la finca estaba llena de almendros, y era el momento de la recogida, así que un día me encontré al dueño recogiendo almendras. otro día me lo encontré con uno de los caballos que había en la finca y me contó que se dedicaba a domarlos, me había llevado la cámara de fotos, fue una suerte porque pude hacer algunas fotos. otro día me propuso ayudarle a hacer el pan para ese día, creo que pensaría que estaba aburrida, me contó que también organizaba cursos de cocina para pequeños grupos e incluso para niños, así que hicimos pan. la verdad es que no me daba tiempo a aburrirme, se había pasado la época de calor sofocante y el lugar era precioso, estaba embarazada, era feliz.  no tenía apenas síntomas de embarazo, sólo algunas nauseas por las mañanas, eso sí, por la noche me tenía que levantar más de una vez a hacer pipí. fueron unos días después, estaba de siete semanas, cuando empecé a sangrar un poco, no le di mucha importancia. había pedido cita con otra ginecóloga que nos había recomendado la primera doctora que visitamos. en  la consulta  la doctora me repitió la ecografía, ya se le oía el corazón y se veía más claramente la forma de embrión. le comenté lo del sangrado y me dijo que era porque tenía un pequeño hematoma, no le dio importancia, así que yo tampoco se la di. me recetó óvulos de progesterona que me tendría que poner por las noches y me dijo que estuviera en reposo relativo. salí de allí un poco preocupada, a él también se lo noté, me cogió mi bolso y me dijo que a partir de ese momento estuviera más tranquila y que no andara mucho, yo le (me) dije que no pasaba nada, que estuviera tranquilo. ese fin de semana vino mi hermana y mi cuñado a pasar unos días a casa, no habían visto el piso nuevo y querían ver granada. lo primero que hizo mi hermana es tocarme la tripa, me sentí un poco incomoda la verdad pero no sabría decir por qué. la progesterona me producía un ardor de estómago horrible, después de comer lo pasaba fatal pero me aguantaba, el dolor es relativo cuando se trata de algo que quieres. no recuerdo exactamente pero a los dos o tres día empecé a sangrar más, ya fue cuando me empecé a preocupar en serio. era el 29 de septiembre, estaba de 8 semanas, ese día habíamos comido en casa de mis suegros,  les habíamos enseñado la última ecografía, también estaba mi cuñado, sólo él, mi cuñada se había quedado en sevilla. yo me sentía rara y notaba que algo no estaba bien, fui al baño y noté que la sangre era más abundante, había leído que a veces es normal un pequeño sangrado pero que si empezaba a sangrar más tenía que ir al médico urgentemente, cuando volvíamos a casa le dije que fuéramos a urgencias por si acaso, decidimos ir a la clínica del seguro privado porque pensamos que sería mucho más rápido. no tardaron mucho en atendernos pero la atención fue pésima. imagino que mi (nuestra) cara de angustia no sería muy diferente de la de otras personas que pasan por lo mismo por lo que los médicos, es este caso ginecólogos deben estar ya acostumbrados e inmunizados, lo que les hace ser fríos y distantes, no siempre, pero la mayoría de las veces he sentido poca o nada de humanidad con algo tan delicado. la doctora que nos atendió fue bastante horrible, me hizo una ecografía, en ese momento ya sangraba bastante, me dijo que el embrión tenía braquicardia; se le estaba parando el corazón. en ese momento no sabes si preguntar o no preguntar qué podía pasar, yo me quedé inmóvil y no pregunté, no sabía si eso podía ser irreversible o había alguna esperanza. me dijo que me vistiera y que me fuera a casa de momento y que si sangraba más volviera a ir a urgencias. él sí que se atrevió a preguntar si en el caso de que volviera por sangrar más qué pasaría, habló de una pastilla y de un ingreso, yo dejé de escuchar y fue cuando empecé a llorar. recogí los papeles del informe de urgencias en silencio y le di las gracias. volvimos a casa. aún entonces tenía una pequeña esperanza de que todo fuera un susto y la cosa siguiera adelante. decidí distraerme con algo y me puse a ver un capítulo de donwton abbey. a la media hora más o menos empecé a sentir un dolor fuerte de regla, ya no había vuelta atrás, lo estaba perdiendo. recuerdo que fui a verle al estudio llorando y le dije, nene, vamos a urgencias otra vez, me duele. le dije que me quería duchar primero y me acompañó al baño, me ayudó a desvestirme y a meterme en la ducha, apenas tenía fuerzas para hacerlo yo sola. recuerdo estar en la ducha y ver como corría el agua por mi tripa, la acaricié y le dije, por favor, quédate conmigo pequeñín, sé fuerte. él llamo a casa de sus padres y le dijo a su hermano que si nos podía llevar a urgencias, pensamos ir esta vez al hospital de maternidad público. al poco tiempo llegó su hermano y su madre. no sé ni como me vestí. me subí al coche y me abracé a su madre. durante el camino él contó que habíamos ido por la tarde a urgencias y lo que nos habían dicho. yo no decía nada, era de noche, no sabía dónde estaba, sólo veía las luces de las farolas y sentía el coche en movimiento. llegamos al hospital y fuimos a admisión, el trato de la persona que nos atendió no fue mucho mejor la verdad, todavía no tenía la tarjeta sanitaria, sólo tenía un papel con el número provisional, que no encontraba, me dijo que si no tenía tarjeta no me podían atender o que si me atendían luego me llegaría la factura. tampoco llevaba la tarjeta sanitaria de madrid. finalmente entre los papeles de la carpeta apareció el papel y se lo entregué, recuerdo que me dijo esto si que me vale. me dieron ganas de mandarle a la mierda. allí esperamos un buen rato. yo le miraba sólo a él, no podía mirar a nadie más, las caras de pena me matan. recuerdo que le dije, si sale de ésta es un campeón, todavía tenía esperanzas. por fin me llamaron. me atendió primero una enfermera, le conté lo que me había pasado y me dijo que le enseñara cómo estaba manchando, me sentí muy molesta, en ese momento me di cuenta de que estaría pensando que yo era una histérica, que me estaba preocupando por algo que no era nada, la odié por eso. volví a salir a la sala de espera y al rato me llamaron de nuevo para ver a la doctora, él entró conmigo también. la doctora era muy joven y estaba acompañada por dos o tres personas más. le volví a contar lo que me había pasado y me dijo que me iban a mirar. me dijo que me desvistiera. fue en el momento en que entré al baño y me quité la ropa cuando pasó todo, de repente salió de mi cuerpo y se quedó en el suelo de ese baño frío y pequeño. con cara de estupefacción abrí la puerta del baño y pregunté por favor si podía ir alguien, entró una enfermera que se apresuró en recoger lo que había en el suelo y me dijo con cariño que me pusiera una gasa para no mancharme más y que pasara a ver a la doctora. me puse a llorar desconsoladamente, me subí al  potro como pude y me empezaron a mirar, la doctora me dijo que no había quedado nada y que me iban a quitar algún pequeño resto que se hubiera podido quedar, intentó tranquilizarme, algo que era literalmente imposible, apenas escuchaba, todo me daba igual, ni siquiera me dolía, la doctora me dijo que esperara a tener otra regla y que luego podíamos volver a intentarlo otra vez, él estaba conmigo dándome la mano y me decía, ya está mi amor no te preocupes, ya está… pensaba que era imposible, que eso no me estaba pasando a mí, no me lo podía creer. cuando terminaron me volví a vestir, seguía llorando, estaba destrozada. me senté otra vez delante de la doctora y me explicó los medicamentos que me tendría que tomar, unas gotas y algo para el dolor. me levanté y les di las gracias, miré a la primera enfermera que me había atendido y que acababa de entrar, miró el informe y no se atrevió a mirarme a la cara. salimos y vi a mi suegra, la abracé, le dije, ya está: lo he expulsado todo. lloraba, él también lloraba, era horrible. volvimos a casa y mi cuñado fue a comprar las medicinas que me habían recetado. en casa me senté en el sofá, ya no lloraba pero estaba en el limbo. llegó mi cuñado y me dio las medicinas, fue entonces cuando me dijo que su mujer también había tenido un retraso y que luego tuvo la regla, así que había habido algo aunque no prosperó. en ese momento no hay consuelo, quien lo haya sufrido me entenderá. no sé ni cómo pude dormir esa noche, no sé  de dónde saco las fuerzas una y otra vez, pero las saco. tenerle a él es el factor más importante, lo que más me ayuda, la parte racional dentro de mi vorágine emocional. pero también son importantes otras cosas, la esperanza de conseguirlo está ahí, el deseo de ser madre también, la probabilidad de que no te puede pasar más veces, el trabajo o centrarse en otros proyectos ayuda mucho, ponerse objetivos, aunque el ser madre sea el mas importante. una de las peores cosas es decirle a las personas que saben que hay un embarazo que la cosa no ha salido adelante, por eso cada vez que lo decimos, siempre es de manera precavida y con cautela, en plan, actuad como si no pasara nada por favor. cuando pasa y llega el momento de decirlo no sabes como reaccionar ante sus consejos, sus opiniones o su compasión… casi es mejor que te digan lo siento y ya está, y no lo típico: la próxima va a ir a bien ya lo verás, no te obsesiones, cuando estés tranquila irá bien, o que te cuenten el caso de algún familiar o conocido. si algo he aprendido de todo esto es que cada caso es único, y no se puede comparar con nada, ni predecir nada, por eso las siguientes veces hemos intentado no decir nada, o por lo menos al menor número de personas y porque era inevitable. cada vez  ha sido diferente pero la pena y el dolor siempre es el mismo. ha pasado casi un año y medio, y he sufrido tres abortos más. una y otra vez pienso que en esa ocasión va a ir bien, que ahora voy a hacer algo nuevo que me va ayudar. tengo una necesidad constante de autocontrol, como hay cosas en mi cuerpo que no puedo controlar, intento tener control de lo que si puedo, como cuidar alimentación o hacer deporte y sobre todo busco información, leo todo lo que me ayudar a saber más, busco alternativas que puedan favorecer a la fertilidad: medicina natural, acupuntura, ayuda psicológica, etc. he leído que esta necesidad la tenemos por lo general todas las mujeres que pasamos por varios abortos, que seguimos toda una serie de rituales cada vez que hay un nuevo ciclo o embarazo y que hay una serie de fases por las que pasa cada mujer que tiene problemas de fertilidad. he guardado todo desde el principio, cada ecografía, cada informe, cada cita, cada prueba, tengo todo archivado cronológicamente, cada vez que voy a algún médico lo recito como si fuera la tabla de multiplicar, me cansa, me aburre, pero no puedo dejar de hacerlo, he tenido la tentación de tirarlo todo muchas veces, pero luego pienso que aunque lo tire no se va a borrar, ni olvidar, lo que ha pasado. soy muy cabezona, mi madre siempre me dice, sé que lo vas a conseguir porque siempre has conseguido lo que has querido, aún sin tener los medios. ella que es muy sabia no me pregunta porque me conoce tanto que con mirarme sabe lo que me pasa. él que cada vez me conoce más, lo sabe también. su consuelo es infinito, sus abrazos me alivian más que nada, es lo más fuerte que tengo para agarrarme cuando siento que me caigo. le pido perdón mil veces y le doy las gracias mil veces por aguantarme, por estar ahí conmigo.


una historia

hoy me levanto con una tremenda necesidad de escribir mi historia reciente. insignificante, incompresible y a veces inaccesible. tengo la necesidad de analizarme, de escucharme y de leerme. hoy me levanto como muchos días en silencio. me siento delante del ordenador con mi café y empiezo el día leyendo cosas sobre lo que me está pasando. busco en internet información, respuestas, casos parecidos. no soy la única. leo. lloro. tengo necesidad de expresarme porque he dejado atrás cuatro vidas y cuatro ilusiones. cuatro futuros en un año y medio. es una historia más entre tantas parecidas. no tengo necesidad de que nadie me lea, sólo quien quiera y a quien le ayude, como a mí en muchas ocasiones lo hace. no porque sea una historia con final feliz, no tiene final, simplemente una historia que sirva para empatizar, para ayudar a llevar un duelo, para dejar que salga el dolor, para llorar y desahogarse. él me despierta todas las mañana con un beso antes de irse. no se imagina que felicidad es para mí ese instante. soy feliz  y al mismo tiempo tengo una tremenda pena. una necesidad no cubierta, no sé si básica, instintiva, pero es una necesidad muy fuerte, a veces pienso que egoísta y también social, no hay armas para vencerla, no hay drogas, no hay medicinas, es mi alter-ego: yo madre. hace años me preguntaba cómo sería ser madre, cómo serían mis hijos, cómo sería vivir un embarazo pero nunca me preguntaba cómo sería no poder ser madre. muchas fases en muy poco tiempo: búsqueda, emoción, alegría, esperanza, duelo, pena, culpabilidad, desesperanza e incertidumbre. es una historia del cincuenta por ciento porque él es la otra parte. hoy empiezo a contarla.


Reflexiones de una fisioterapeuta

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Voy caminando a nuestro futuro

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DIARIO DE UN RENACUAJO

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Cuando embarazarse es embarazoso

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Objetivo: ¡Ser mamá!

El camino para alcanzar un sueño, ser madre

Tic Tac, Se me pasa el arroz

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